Ninfas y Zánganos
jueves, 14 marzo, 2019, 05:33 PM - De mi para mi


Soy Gilipollas

Pero no un gilipollas al uso no, soy un gran gilipollas y es que lo que me está pasando no tiene sentido ninguno aunque lo acepte.

Hace 30 años que intenté cursar mis estudios de universidad eligiendo la muy honorable universidad de químicas de Murcia (por otra parte muy de moda ahora). No recuerdo muy bien el año de matriculación y no tengo ganas de tirar de cifras y datos que nada tienen que ver con la filosofía del relato..... bluff, reeeelato.

Pues allá en la época de cuando el rey sol y la reina luna tenían sentido me fui con los trastos de matar y mi muleta a cursar unos estudios con toda ilusión de hacer lo que creía que era lo que me ilusionaba. Una universidad vieja pero con cierto encanto me cogió con los brazos medio abiertos en la que rápido descubrí su cantina.

El primer curso lo pasé a caballo entre Orihuela y Murcia con su autobús de las 8:00 aparcado frente al antiguo teatro circo, ahora el nuevo....

Lo primero que puedo recordar de aquello fueron las primeras notas de un examen de química inorgánica expuestas en un tablón de anuncios donde un 0.0 puso mote a un compañero y mi 8,4 me hizo pensar que aquella carrera no tenía secretos para mi.

Lo segundo que recuerdo ya lo recuerdo menos pero por el coma etílico que surgió de un frasco lavador lleno de cerveza que me pasaron en la primera fiesta de batas a la que asistí.

Desgraciadamente entre el examen y el primer San Alberto tan solo habían pasado unos días. Lo que me hizo pensar en la dicotomía de que se me daría mejor ... si la química o la fiesta. Elegí la fiesta.

Así que me dio por inventar los jueves..... bueno ya estaban inventados pero alguno pensaría que el encargo de darlos oficialmente por inaugurados recaía sobre mí. Con mi amigo Alfonso, José María el 0.0 (sero punto sero) y otros que recuerdo menos recorríamos las tascas en busca de aquel cubata que sentara mejor al estómago y que solía ser el último.

La cronología de los hechos no me la se muy bien pero pronto un grupo de “pocos” se convirtió en uno de “muchos”. Javi, Chocho eléctrico, Gallofa, Esther, Ana, Miguel, Eva, Yago, Lucía, Helena, Mario, Pitu, Dani, Silvia, Pedro, Gabi (profesor de la facultad que vio vida tras los tubos de ensayo) ..... y otros que recuerdo menos y que seguro me perdonarán. Todos compaginamos los largos días en la facultad y las cortas noches de los jueves buscando la solución a esa dicotomía de la cual yo ya había encontrado respuesta.

Primer año apruebo dos.

El segundo año le hecho un órdago a la vida. Me matriculo de todo segundo más las que me habían quedado en primero.

Como pintaban bastos puse mis ojos de gatico escaldao y convenzo a mis padres de quedarme en Murcia a vivir y volver los fines de semana. Iba a tener dos horas más de mi vida al día para poder estudiar y evitar el dolor de cabeza que producía el traqueteo de la ventana del autobús.
Se lo comieron con patatas y me fui a vivir a casa de mi tía Carmen a Mursia Capitá con la promesa de limpiar un maltrecho expediente.

Estrenábamos Facultad. Un flamante edificio en el complejo de Espinardo con los árboles no mas grandes de dos metros, sin sombra (un chicharrero chico) nos esperaba.
Mi clase daba a mediodía y a mi siempre me tocaba en la ventana (me lo estoy inventando). Con el chicharrero que hacía tuve enseguida que encontrar cobijo fresco por la parte donde el sol menos apretaba. La Cantina.

Pronto dominé el noble arte del billar y recitaba de memoria y al revés el nombre de todos los camareros.

A las 8:30 clavao quedabamos todos los días Pitu, Helena, Silvia y Lucía, unas veces en el flamante AlfaRomeo de Silvia, otras en el estartalao Renaul 12 de Helena. Y pa rriba salvo los viernes que yo no era hombre.

Los jueves eran de obligado cumplimento. Eso si lo aprobé con nota. Quedábamos a las 8 o las 9 de la tarde en El Cuervo a jugar al duro y ya, conforme se nos iba pasando el primero de los peos, desfilábamos hacia lugares más bulliciosos y con mejor música. Candil, Candil, Candil, Candil y otros que no recuerdo..... . Si se nos quedaba corto el tema tascas y la cerveza nos salía por las orejas.... ya era el momento de ir al Togo... o Togo 1 o Togo 2, bueno, nunca supe cuantos había... pero muchos. Poco a poco la música, el alcohol y alguna que otra chorva nos iba llevando hacia antros cada vez más oscuros y de fauna raruna.

Así pasó casi todo el segundo año de facultad. Lunes, martes, miércoles y jueves cantina, viernes no recuerdo.

Alguna escapada si recuerdo... Caravaca aun se debe acordar de mi. Un caballo de los del vino casi me rompe el hígado. Moratalla, por otra parte, aun se levanta todas las mañanas con el maullido de un gato que dicen las leyendas que un borracho persiguió hasta caer en desgracia.

Mi felicidad por aquel entonces tenía forma de embudo de decantación, sabor a cerveza y el aspecto de unos críos en pañales que solo se mantenían con pinzas. ;-)

Resultado..... aprobé una de segundo y algunas de primero.

No tenía ninguna intención de renegar de mi felicidad y cuando tocó la renovación de los votos juré y perjuré convertirme en un buen chico, matricularme de las asignaturas correctas y olvidarme entre semana de Murcia. Para ello mi padre me sobornó con la adquisición de un coche. Tenía razón... el SEAT 133 rojo que usaba hasta entonces no estaba preparado y era una caja de cerillas para los viajes que le esperaban, por lo que decidió comprarme un utilitario. Y me compró un Golf GTI. Ya no tendría problemas de motor para soportar el castigo diario de ir a la universidad y por que no decirlo..... el de batir algún que otro récord de agarre en curva y velocidad por la recién estrenada A7. Buff como iba... fiuuuuuuu.

Allá me presentaba todos los días, yo mi GTI en mi tercer año en la universidad ...... haciendo todo lo que arrastraba de mi primero y mi segundo curso. Los jueves los tuve que apartar o quizá tan solo usar los importantes, ser mas selectivo. Pero los días normales seguía aprendiendo al billar y a las 1000 formas de utilizar malamente una biblioteca.

Resultado.... Ni una!

Cogí los trastos de matar, la muleta, mi frasco lavador y con la cabeza gacha volví a la realidad dejando mil y una aventura y cogiendo un puñao de buenos amigos que aun conservo.

Treinta años después alguien cumplía los mismos años que yo tengo y me invitaron a su 50 cumpleaños sorpresa. Bebimos, reímos hablamos como si no hubiese pasado el tiempo. Tres de aquellas ninfas se acordaban de un zángano ya envuelto en la vorágine de la responsabilidad y al que llamaban “alma”...... ¡y a mi se me cayó!.

Y aquí estoy llorando a moco tendido, escuchando “Quizá” de Modestia Aparte, escribiendo esto y hechando de menos un tiempo que, aunque efímero, me va a arrastrar toda mi viida y de la que no quiero quitar ni una coma.

Gilipollas no, muy gilipollas.


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